|
Hace un mes escribí a todas las parroquias de la arquidiócesis
para informarles acerca de la auditoría que iba a ser publicada
y que tendría reportes sobre el cumplimiento que cada una
de las diócesis de este país estaba llevando a cabo
de los ordenamientos de la Cédula nacional para la Protección
de Niños y Jóvenes en la Iglesia. Cuando el reporte,
hecho por auditores externos como sucede en los casos de las auditorías
financieras, se publicó, se encontró que nuestra arquidiócesis
estaba cumpliendo totalmente con los procedimientos impuestos por
la Cédula. Por otro lado, fuimos elogiados por la ayuda y
el auxilio que prestamos a las víctimas y por otros varios
aspectos de nuestros esfuerzos para atender los pecados del pasado
y asegurar un futuro libre del pecado y crimen que representa el
abuso sexual. La promesa de que ningún sacerdote que tuviera
una acusación creíble contra él de abuso sexual
a un menor, permanecería en el ministerio público
de la Iglesia ha sido cumplida. En algunos casos, la credibilidad
de algunas acusaciones está, por supuesto, siendo aún
revisada.
El propósito de esta nota es informarles sobre un segundo
reporte, muy diferente al de la auditoría, que será
publicado el 27 de febrero. Igual que sucedió con aquella,
no veré este reporte elaborado por el colegio de John Jay
de Nueva York, hasta que sea publicado y a diferencia de la auditoría,
este informe contendrá números. Es un estudio de investigación
social, basado en información confidencial recabada en cada
diócesis y orden religiosa en el país. Al igual que
la auditoría, este estudio fue comisionado para cumplir la
promesa que hicieron los obispos de intentar obtener un entendimiento
más profundo acerca de cómo ocurrió este escándalo,
con el propósito de que no vuelva a repetirse jamás.
Durante los pasados cincuenta años toda diócesis
reportó acusaciones, incluso anónimas, tuvo sacerdotes
acusados, retiró sacerdotes del ministerio y gastó
dinero orientando a sacerdotes y acusadores, tuvo costos legales
que cubrir y acuerdos que hacer. Ningún otro grupo ha reunido
estadísticas comparables, así que no habrá
posibilidad de hacer una comparación con otros grupos. Sin
embargo, con esa enorme cantidad de información cruda, el
Comité Nacional de Revisión dará una primera
interpretación; y en los meses y años por venir, los
científicos sociales utilizarán esta base de datos
para otros estudios posteriores. El estudio no es un reporte sobre
casos individuales sino más bien un conjunto de información
que mostrará las tendencias a través del tiempo, las
edades de las víctimas y los abusadores en todo el país,
los costos nacionales producto de esta conducta inadecuada y los
medios que se tomaron, sobre todo a través de la cobertura
de seguros, para cubrir los costos. Todo esto deberá llevarnos
a tener un entendimiento más científico de sus causas
y sugerirá cambios que podrían hacerse para evitarlo
en el futuro.
La información básica proporcionada por la Arquidiócesis
a los investigadores del John Jay han sido publicados aquí
en dos reportes. El primero en 1992 cubría cuarenta años;
el segundo, publicado en 2003, era una actualización que
cubría los últimos 10 años. La información
que tenemos muestra que cerca del dos por ciento de los miles de
sacerdotes que ministraron a los católicos durante los pasados
cincuenta años, han tenido acusaciones creíbles contra
ellos de abuso sexual de menores. Muchos de estos sacerdotes han
fallecido, algunos están en prisión y todos están
fuera el ministerio. De ellos se dio a conocer sus nombres al mismo
tiempo que iban siendo retirados y cada caso fue reportado a las
autoridades civiles responsables de la protección de los
menores en nuestra sociedad.
Les pido que reciban este reporte como algo por lo que hay que
orar y pedir. La Iglesia está llamada a ser santa, pues fue
por nuestra santificación que Cristo murió. La Iglesia
tiene santos, pero cada santo es un pecador reformado. Los pecados
de cada uno nos lastiman a todos. Cada día oro por aquellos
que han sido abusados sexualmente por sacerdotes en la arquidiócesis.
No importa cuándo o cómo ocurrió el abuso,
el hecho es que se infligió un daño terrible, espiritual
y psicológico y algunas veces físico. También
oro por los sacerdotes que tendrán que enfrentar al Señor,
a su pueblo y a sí mismos. Oremos por cada uno de nosotros.
Que Dios los bendiga a ustedes y a sus familias.
Sinceramente suyo en Cristo:
Cardenal Francis George, O.M.I.
Arzobispo de Chicago
|